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jueves, 22 de septiembre de 2011

La realidad...

La realidad me circunda con la fuerza de un coro de tragedia griega y amenaza con vencerme. Camina demasiado rápida para mi lento entendimiento. No sé si ya soy capaz de apresar a esa pérfida que zigzaguea con desvergüenza y sin rumbo.
Siempre me he considerado un fascinado observador de la realidad, y lo que es más, un buen entendedor de sus intenciones. Hasta hace poco. Ahora ya no. La realidad cabalga a lomos del efímero y veloz tiempo y soy incapaz de echarle el lazo.
No obstante, intentaré desde este blog acercarme a ella de frente y sin miedo, a pesar de que sé que en el momento que la descifro ella cambia y muda hacia otros lugares en los que mis conceptos no la pueden apresar.
La realidad actual tiene varios frentes abiertos por los que poder entrar en su morada, e innumerables aristas desde la que ser abordada. Pero yo voy a ser ambicioso y voy a intentar hacerlo desde uno de sus puntos cardinales, de ahora y de siempre: la Educación.
Se habla por doquier y sin miedo de ella y sobre ella, y siempre, por desgracia, desde un punto de vista determinado: aquél que interesa al que emite la opinión. Si es político se argumentará a favor de determinadas medidas. Si es profesor exactamente igual, si se es alumno…, si se es padre…, si se escribe desde un medio de comunicación determinado… ¡¿Es que nadie puede escribir desde la privilegiada atalaya de la objetividad?!
Voy a centrar mi discurso, que presumo (aunque es posible que me equivoque) nace desde la más neutral objetividad, en los recortes en materia educativa que han impulsado las Comunidades de Castilla La Mancha y Madrid.
Mi discurso parte de la premisa, desde ahí se desarrolla todo, que la Educación (también con minúscula) es el mayor bien que tiene un país, y todo lo que sean medidas que puedan infligir algún daño a ese bien no las puedo compartir.
Ahora… entiendo que un país arruinado como es España necesita medidas circunstanciales y sacrificadas desde todos los ámbitos, incluido el de Educación. Pero también entiendo que este siempre debe ser el último en ser sacrificado, y en España ha sido uno de los primeros.
Cuando ya no queden estamentos en lo que <<recortar>>, no quedará más remedio que aceptar que la Educación deba perder calidad en pos de la salvación nacional (permítanme esta última expresión).  Hasta aquí creo que no he dicho nada que no sea obvio. Sigo y repito. Cuando ya se hayan tomado medidas de <<recorte>> en otros lugares, principalmente en la clase más privilegiada que hay en España: la clase política. Es impensable, además de injusto, que el pueblo siga asistiendo a ese derroche económico que unos gestores, en ocasiones colocados <<a dedo>> hacen de las arcas españolas. Hasta que no se pare esa sangría y se racione el dispendio de las administraciones, no tienen derecho moral a <<recortar>> en lo  más importante de un país.
Y ahora la pregunta que ustedes, y permítanme de nuevo que me tome otra licencia y les guíe en su interpelación, me podrían hacer es: ¿De verdad cree que dos horas más repercuten en la calidad de la Educación? La respuesta es sí, y los argumentos son los siguientes:
Dos horas más suponen un aumento de veinticino alumnos por profesor, lo que dificulta el trato personalizado.
Dos horas más suponen un menor tiempo disponible para atender cuestiones del Instituto(atención a padres, reuniones, burocracia, etc.)
Dos horas más suponen  un profesor más cansado mentalmente, menos brillante y, lo que es más peligroso, más irascible.
Dos horas más suponen que un profesor deba dar cursos distintos (desde primeros de la ESO hasta segundos de Bachillerato), siendo su especialización mucho menor.
Dos horas más supone que en algunos centros, para rellenar cupos, los profesores hayan tenido que impartir asignaturas para las que no están adecuadamente preparados.
Y, ya para terminar, dos horas más suponen…desde luego no una mejor Educación.
Sólo he incidido en el tema de las dos horas porque mi tiempo es limitado y mi paciencia aún más. Son muchísimos más los recortes educativos (desaparición de desdobles, falta de material, dilatar o no cumplir bajas de menos de veinte días, desaparición de actividades extraescolares, complementarias y extracurriculares, cierre de bibliotecas en centros, problemas para cubrir guardias de clase y de recreos, desaparición de proyectos de innovación, etc.).
Quiero reflejar también que no considero correcta la respuesta de algunos profesores interinos a las nuevas leyes. Mas en concreto, una de sus reivindicaciones. Estoy de acuerdo en que las nuevas medidas van a perjudicar a la enseñanza pública por lo que he dicho anteriormente, pero un Estado no puede garantizar de manera intemporal los puestos de los trabajadores. Vivimos en un mercado libre y hay que aceptar ciertas reglas.
Posdata: No me puedo despedir sin manifestar mi indignación por esos  políticos (en algunos casos sin la preparación adecuada para el puesto que ocupan. Ya hablaremos en otro artículo de ellos) que se jactan ufanos de que la calidad de la enseñanza no merma, o como decía el otro día el Consejero de Educación de una de las Comunidades que estoy analizando: <<Estamos ante el mejor inicio de curso escolar de la Historia>>.  Desde luego, España a nivel europeo no podrá competir con otros países en expresión oral o en matemáticas, pero en cinismo…Ahí, amigos, me temo que estamos en el top ten.

sábado, 12 de febrero de 2011

Ora et labora II

¿Realmente es necesario trabajar para merecer el ocio o es una cuestión educacional? Decía Goethe que cuando un amanecer de trabajo salía a su encuentro, una bonita tarde le estaba esperando. Yo también lo pienso. Pero, ¿lo hago embebido porque realmente crea que es así, o por mis prejuicios educacionales? Ya son las tres de la mañana y la cuestión impide que mis ojos se cierren.

Continuará…

Con ese enigmático y esperanzador “continuará” finalicé mi última entrada en el blog.
La pregunta que quedó abierta no es nada baladí. Incluso creo que puedo afirmar que su respuesta merece un ensayo. Aún así, y a pesar de mis limitaciones intelectuales y de la brevedad que requiere un blog, voy a intentar cumplir con lo prometido. Ese “continuará” obliga.
Creo que todo lo que hacemos sigue una línea de actuación clara y evidente: siempre tomamos las decisiones buscando nuestro beneficio o interés personal, aquello que nos permita continuar con éxito en eso que llamamos vida. La felicidad y el placer son buscados por nosotros porque nos mantienen con más ilusión en la existencia. La ilusión y la alegría que se derivan de ellos nos va a transmitir la energía y la fuerza necesaria para seguir en la lucha darwiniana por la existencia.
Sentada la larga premisa anterior, retomo la pregunta con la que abría la entrada del blog: “¿es necesario trabajar intelectualmente para sentirse bien?”
Para mí sí. Mi educación, mis inquietudes y mis estudios, han hecho de mí una persona que se siente feliz cuando se instruye, cuando reflexiona, cuando lee. Esa felicidad recibida a través de los libros permite que yo me mantenga con más fuerza en la existencia, por lo que puedo afirmar que la lectura es casi tan importante como la realización de cualquier otra función vital. Sin la lectura o la reflexión, o el conocimiento, yo no sería feliz, y por lo tanto, la existencia sería menos agradable y más triste, lo que acortaría mis ganas de luchar por ella.
Ahora bien: ¿es educacional? Sí, sin duda. Cualquier otro que no haya tomado el camino que yo tomé en un momento determinado, no siente la necesidad de la lectura o del conocimiento. No le transmite ninguna satisfacción. Incluso puede ser algo desagradable, por lo que no le hará ningún bien en su estado de ánimo.
Sé que he tomado atajos argumentales en la reflexión anterior. Échenle la culpa a la poca extensión que se permite en un blog y a la estrechez mental del que escribe. Me gusta leer y me gusta pensar. Ahora, que lo haga bien…ya es otra cuestión.

jueves, 2 de diciembre de 2010

GOOGLE

<<Oye, esto es importante: no tenemos una dirección de correo electrónico para recuperar la contraseña ni un número de teléfono asociados a tu cuenta. Si pierdes el acceso, es posible que no podamos ayudarte>>. Así se dirige Google al modesto amanuense de este blog.
Mientras lo hagan con esa falta de respeto, mi respuesta siempre va a ser la misma: el mutismo más absoluto.
¿Pero quiénes se creen que son esos de Google para, sin haber sido presentados, tutearme? Si tan buen buscador es, que pruebe con la palabra educación, a ver qué encuentra.|

martes, 23 de noviembre de 2010

SALVADOR SOSTRES

Se ha levantado mucha polvareda por las declaraciones del brillante y maleducado Salvador Sostres.
Los defensores de lo políticamente correcto han lanzado un ataque feroz contra el polémico contertulio. Los abanderados de la sinceridad, por el contrario,  han alabado su opinión.
Como siempre, en esta España dividida, nadie se posiciona en el término medio. O se alaba, o se denuesta, pero en raras ocasiones se analiza con mesura. Somos maniqueistas: o bueno o malo.
Utilizamos en nuestro posicionamiento social una paleta de colores en la que sólo existen dos: blanco y negro. Y, evidentemente, son muchísimas más los que podemos utilizar. No sé si no se hace por estrechez mental, o porque no interesa hacerlo. Todos los campos de opinión que se manifiestan lo suelen hacer desde un interés y un posicionamiento previo que contamina la verdad que se expresa.
Bien porque intentemos réditos electorales, porque queramos parecer lo que no somos, por intereses mediáticos, por lo que sea. Pero siempre hay un pie forzado, como decía Ortega de las circunstancias, que condiciona nuestro comentario.
Voy a expresar mi opinión, que sólo está contaminada por mi educación previa, pero contra eso ya no puedo luchar. Aún así si les aseguro que no me mueve más interés que el de aclararme a mí mismo lo que pienso sobre la cuestión. Escribir, poner palabras al pensamiento, es una forma de esclarecer las ideas.
La idea principal de Sostres, la que no paraba de repetir una y otra vez, es la de que en la juventud está la verdad sexual (él se pronunció sobre las chicas de diecisiete años). Sólo ella tiene el patrimonio del deseo más puro. Es el cuerpo puro, el que no está contaminado, ni pervertido por la edad. Es el cuerpo…
Hasta ahí bien. Es una obviedad lo anterior. También es una obviedad que vivimos en una sociedad y como tal tenemos un constructo social básico para la buena convivencia. Hay unas normas asentadas en la sociedad que no se deben violar si no queremos destruir los pilares básicos de la misma. Y entrar en la sexualidad de las menores es violar la cultura. Puede ser naturalmente apetecible, pero culturalmente es reprochable. El ínclito debate naturaleza y cultura es puesto una vez más sobre la mesa.
Es un debate muy interesante, pero no lo voy a tratar aquí. Simplemente lo señalo para añadir un nuevo elemento de juicio a la aportación del contertulio.
Lo que también se pudo apreciar en la intervención del citado señor fue una total falta de respeto por la señora que dirigía la tertulia y por los oyentes de la misma, eran niños.
Es una señal de buen gusto no manifestar repetidamente opiniones que han sido censuradas. Si nuestra voz ha sido oída, y no es del agrado de los que nos están escuchando  volver a oír lo mismo, es algo tácito que, por no herir sensibilidades, uno  no debe repetir lo ya dicho. Es cuestión de educación.
Contar un chiste en una cena resulta anecdótico, e incluso gracioso. Contar diez chistes te hace pasar a la categoría de pesado. Pues es un poco lo que paso con Sostres. Manifestó su verdad. Incómoda de oír, pero era la suya. Con una vez hubiera sido suficiente. Seguir ahondando en ella, aún a sabiendas de que no quería ser oída, o que ya lo había sido, demuestra poca sutileza y menos educación.
No le presentaría a mi hija al señor Sostres, si la tuviera, pero sí me gustaría tomar esta tarde un café con él.